Del blog Estrés postraumático complejo: Síndrome de Estocolmo 3

En el post anterior se nombraban cuatro situaciones que es posible encontrar en rehenes, abuso severo y relaciones abusivas:

  1. La presencia de una amenaza percibida para la supervivencia física o psicológica y la creencia de que el abusador llevaría a cabo la amenaza.
  2. La presencia de una pequeña bondad percibida del abusador a la víctima
  3. Aislamiento desde perspectivas distintas a las del abusador
  4. La incapacidad percibida para escapar de la situación

Continuamos con la 4.

4. Percepción de incapacidad para escapar

Como rehén en un robo a un banco, amenazado por criminales con armas de fuego, es fácil entender la incapacidad percibida para escapar. En las relaciones con este síndrome que se puedan dar en una secta religiosa, relaciones románticas, relaciones familiares, la creencia de que uno no puede irse es muy común. Muchas relaciones abusivas / de control se sienten como relaciones “hasta que la muerte los separe”, unidas por obligaciones en las que parece que el otro no puede sobrevivir, no solo por deudas, problemas, activos financieros mutuos, conocimiento íntimo mutuo o situaciones legales. También porque Dios los elige para que ellos y no otros sean los que le lleven hacia la vida eterna o la santidad. La obligaciones de todo tipo van aumentando, la víctima llega a creerse culpable del mal que le pueda pasar al otro. La víctima siente que colapsaría mentalmente si se fuera.

El Síndrome de Estocolmo produce un vínculo no saludable con el controlador / abusador. Es la razón por la que muchas víctimas continúan apoyando a un abusador después de que la relación termina. También es la razón por la que siguen viendo “el lado bueno” de un individuo abusivo y se muestran comprensivos con alguien que los ha abusado mental, y físicamente a veces.

¿Hay algo más involucrado en todo esto?

En una respuesta corta: ¡Sí! A lo largo de la historia, las personas se han encontrado apoyando y participando en situaciones de la vida que van desde abusivas hasta extrañas. Al hablar con estos participantes activos, han desarrollado sentimientos y actitudes que respaldan su participación. Pero aún así, puede resultar extraño, ¿por qué no se escapa?. Entre las muchas razones: por un vínculo traumático. Como puede ver, en psicología tienen grandes palabras y frases para casi todo.

Tenemos un mecanismo psicológico que hace que tendamos a mantener coherentes nuestros sistemas mentales. Este mecanismo hace que no tengamos ideas disonantes, porque eso generaría un malestar psicológico. La víctima se encuentra enfrentada a dos cogniciones disonantes. La primera sería la apariencia de persona buena que tiene el agresor o grupo, la parte de la relación buena, de persona que me quiere, que se preocupa por otros o por mi, de persona amante, con la que puedo tener una relación íntima, familiar o fraternal. Y por otro lado una serie de hechos, de comportamientos completamente diferentes, que le lleva a pensar ¿me amenaza, me engaña, no me quiere, me manipula, me traiciona, triangula, me hace gaslighting, abusa de mi?. Esas dos cogniciones que son incompatibles, generan un fortísimo malestar, y lleva a la víctima permanentemente a no saber muy bien a qué atenerse:  ¿es un ángel o un demonio, son buenas personas o estoy verdaderamente con psicópatas integrados, son narcisistas inocuos o tienen una personalidad maquiavélica?.

Esta disonancia cognitiva dura incluso tiempo después de que la víctima haya roto la relación, del tipo que fuera. Esta disyuntiva les mantiene en un estado de paralización. Poco a poco el no saber a qué atenerse les lleva a ir retrayéndose, y finalmente a un estado de indefensión psicológica les deja bloqueados y paralizados. Frecuentemente sigue sometida al doble vínculo. Los recuerdos de declaraciones amorosas o recuerdos positivos, y por otro lado todo lo que ha sufrido, a manos de esa persona, familia o grupo, cuando ha sido sistemáticamente denostada, despreciada, humillada, abusada. No sabe a qué atenerse ni siquiera con el recuerdo. No sabe si pensar que todo lo que vivió fue verdad y por tanto lo que debe hacer es vivir un duelo de una persona maravillosa, de un grupo santo y divino, de una familia privilegiada que ya no están en su vida; o si lo que  tiene finalmente es que alegrarse por librarse de una persona, familia o secta destructiva nociva y tóxica que no había visto hasta que ya fue tarde. Esa disyuntiva después de la relación  le lleva a dos sentimiento encontrados, a un sentimiento de tristeza, alternativo con un sentimiento de rabia, alternativo con otra sensación de impotencia que se alterna a su vez con sentimientos de vacío, desesperanza y abandono.

Esta mezcla de emociones y paralización van llevando a un daño posterior, del que todavía va a ser difícil salir. Es necesario un período de elaboración del duelo, tiene que ser elaborado y se tarda en salir de ese duelo. Es una pérdida real porque a pesar de que no había un alguien amoroso detrás de esta relación, familia o grupo, lo que había eran personas con unos comportamientos psicopáticos, lo que sí que fue real fue el amor que la víctima proyectó. Por tanto de ese duelo la víctima tiene que sanar, tiene que curar y salir adelante.

Resumiendo: El síndrome de Estocolmo (percepción de amenaza a la supervivencia, incapacidad para escapar y amabilidad)es un fenómeno paradójico en el cual la víctima desarrolla un vínculo positivo hacia su captor como respuesta al trauma del cautiverio, lo cual ha sido observado en diferentes casos, tales como secuestro, esclavitud, abuso sexual, violencia de pareja, miembros de cultos, actos terroristas, prisioneros de guerra, etc. La víctimas niegan el peligro de su situación y el hecho de que están siendo abusadas pero, al mismo tiempo, informan incidentes que suenan abusivos para cualquier otra persona. Sin embargo, a pesar de esta extensión del término síndrome de Estocolmo y de que se hayan propuesto teorías basadas en aspectos evolutivos y en el estudio de los grupos anteriormente mencionados, la escasez de estudios dirigidos a estandarizar y sistematizar dichas teorías impide la unificación de criterios.

a través de Síndrome de Estocolmo 3 — Estrés postraumático complejo

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